miércoles, 5 de octubre de 2011

La pérdida del monopolio estatal de la violencia

En los últimos días, el tema de la existencia de grupos paramilitares ha levantado ámpula en el círculo central del gobierno mexicano. Desmentidos, zipizape mediático y un buen conjunto de declaraciones aclaratorias sobre el particular se han generado a partir de que un comando de sicarios (presuntamente del Cártel de Sinaloa, de acuerdo con información de Alejandro Medellín en Milenio Semanal: http://www.msemanal.com/node/4698) difundió un video en el que uno de sus brazos armados se erigía como "Mata-Zetas".  El cariz del comunicado video-grabado era de alto impacto, con una estética muy parecida a la utilizada por los etarras en comunicaciones similares, y daba un sesgo pretendidamente de auxilio a la población, al erigirse como los enemigos declarados de los perniciosos Zetas, con la consabida ola de violencia y ataques a la vida pública de las regiones donde se asientan.
Los autodenominados "Mata Zetas"
Todo parece indicar que, en efecto, este caso específico no es otra cosa que una lucha más entre bandas de narcotraficantes en disputas territoriales. Sin embargo, llama la atención el tono de alarma y de supuesta contundencia que han tenido los funcionarios gubernamentales, encabezados por el Secretario de Gobernación (Ministro del Interior), Blake Mora, al reiterar afirmaciones trilladas: "todo aquel que usurpe las funciones del Estado es un criminal"; "sólo el Estado puede hacer uso de la fuerza", etcétera. Pero en una lectura más atenta de la reacción gubernamental, puede observarse una tácita aceptación, vía alarma, de que el Estado mexicano, en efecto, ha perdido ya el control de la violencia en su interior. Que se ha convertido en una actor de tantos con poder de fuego dentro del territorio nacional. Ha entrado, sin duda, en una fase de descontrol generalizado de la violencia, como argumenté hace poco en Milenio Semanal. (Puede verse el texto íntegro en mi página de Scribd: http://es.scribd.com/doc/63069959/El-descontrol-estatal-de-la-violencia.)
Comunicado etarra
La pérdida del monopolio de la violencia es un signo preclaro de un Estado con fuertes indicios de convertirse en un Estado fallido, algo que el ala más dura tanto de la analítica como de la política estadounidense ha venido afirmando desde hace un tiempo. (Puede verse mi análisis al respecto en: http://es.scribd.com/doc/36586841/La-analitica-estadounidense.) La participación de ejércitos privados es un cuestión de hecho en la actualidad mexicana; comenzando por los formados con inusitada fuerza armamentística, logística y de desenfreno comportamental por las organizaciones del crimen organizado, pasando por los grupos de mercenarios internacionales discretamente contratados por potentados y corporaciones para garantizar un mínimo de calidad a su seguridad particular; lo mismo que los resabios de las antiguas guerrillas aún activos en ciertas zonas del país, así como comunidades de raíz tradicionalista organizadas para la auto defensa, hasta llegar a la acumulación casera de armas de fuego para la defensa individual ante la incontenible delincuencia en pueblos y ciudades. (En este escenario no sería raro, incluso, que miembros rebeldes de las fuerzas de seguridad gubernamentales organizaran por cuenta propia "escuadrones de la muerte", en venganza y represalia de aquellos con quienes han estado en una desaseada simbiosis -a veces como enemigos, a veces como amigos-: los pelotones de sicarios del narcotráfico nacional. Esto fue algo que rondó el ambiente al poco de ser lanzado el video de los "Mata Zetas".)
De esta manera, el Estado mexicano ha perdido orden y contundencia y, de seguir esta tendencia, estará en el trance mayor de perder incluso viabilidad (cuando a uno lo pueden matar en cualquier crucero por un vulgar incidente de tránsito, comienza a preguntarse para qué demonios sirve mantener a la supuesta autoridad), puesto que una de las funciones axiales de la existencia del Estado moderno es, justamente, garantizar la seguridad de sus ciudadanos. El quiebre socio-histórico de la actualidad es de la mayor importancia, pero quienes deberían comprenderlo mejor que nadie sólo parecen dispuestos a entablar una batalla de declaraciones con los provocadores en video; y esto, por supuesto, es un signo más de debilidad estatal.



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