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Revista Replicante

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Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Fuentes. Mostrar todas las entradas
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martes, 3 de octubre de 2023

Sobre "Tiempo y espacio de la novela" de Carlos Fuentes

En "Tiempo y espacio de la novela" (contenido en la coleccón de ensayos Valiente mundo nuevo de 1990), Carlos Fuentes comienza refiriendo la innovación intelectual que representó la interpretación histórica del italiano Giambatista Vico en el siglo XVIII, momento de la historia occidental que es reconocido como el de la consolidación de la revolución cultural europea que conocemos como Modernidad. Dice allí el novelista que las virtudes hermenéuticas principales de Vico fueron: «...el relativismo histórico, la convicción de que el valor de la historia es su variedad concreta, no su uniformidad abstracta» (p. 30). La previsión del pensador italiano es en contra de la posibilidad de afirmar un desarrollo monolítico de la razón humana, visión que ya poseía fuerza en su época bajo la convicción eurocentrista subyacente de que el parámetro de dicha racionalidad era el hombre europeo de la época. Para él, hacer historiografía significaba reconocer la aportación global que las diversas culturas habían hecho a la marcha de la humanidad. Esta era convergente en ciertos puntos y divergente en otros, nunca lineal ni definitiva.
Fuentes retoma la postura de Vico, afirmando que «...Vico llegaría en el siglo XX, cuando la riqueza de un pasado pluralista, vivido de manera concreta por muchas naciones y muchas razas, se volvió evidente» (p. 34), para apuntalar una de sus más firmes convicciones: que en el espacio textual de la novela ingresa dicha pluralidad histórica. Al hacerlo, recurre a las consideraciones críticas del pensador soviético Mijail Bajtin. Afirma Fuentes: «Territorio ocupado por quien habla y por quien escucha, por quien escribe y por quien lee, la palabra es siempre algo compartido. Al nivel verbal, todos somos participantes, dependemos los unos de los otros y somos parte de una labor dinámica y perpetuamente inacabada, que consiste en crear al mundo creando la historia, la sociedad, la literatura» (p. 36). Aquí es importante destacar cuáles son los principios estructurales sobre los que se construye la novelística. El primero es el lenguaje cuya semántica rebasa la intencionalidad de quien escribe. Es un medio cuyos vínculos con el mundo se han logrado con la larga historia de su uso. La semántica está íntimamente relacionada con la evolución de la humanidad, en general, y de cada cultura lingüística, en particular. Esta característica hace que, por principio, el material básico de las novelas rebase el uso específico que de él hacen los autores. De igual manera, los lenguajes son materiales híbridos. De manera cierta, poseen un núcleo de sentido que unifica a los hablantes durante cierto tiempo y cuya permanencia se intenta preservar por comodidad comunicativa. Pero inevitablemente, está en constante modificación tanto por las innovaciones propias de los diferentes ejes de la estructura social, como son la economía, la tecnología y el ámbito del arte, como por las integraciones extranjeras a la lengua, producto de la permanente interacción con otros pueblos, que se magnifica en la era de la globalización electrónica.
Por ello afirma el intelectual mexicano: «...para Bajtin todo significado está limitado por su contexto, pero paradójicamente, ese contexto no tiene límites. El nombre de semejante ilimitación es para Bajtin la heteroglosia, o sea la diversidad y pluralidad de lenguajes. En el mundo moderno, la novela es el lugar privilegiado donde se reúnen los lenguajes plurales, donde yo y el otro nos encontramos y proponemos una historia inacabada» (pp. 36-37). Por eso, Fuentes destaca el surgimiento de la novela en la Europa que comenzó a dinamizar su cultura, su política y su entendimiento del mundo natural, en el último periodo del Renacimiento y el comienzo del Barroco, Época Clásica o Modernidad: finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII (algo que detalló en su ensayo Cervantes o la crítica de la lectura, de 1976). Así, esa nueva modalidad de la escritura, cuya concepción original implicaba transmitir las ideas novedosas por medio de la fabulación, se convirtió en el espacio idóneo para la convergencia de pensamientos (podían mezclarse acontecimientos de épocas separadas por el tiempo histórico); de estratos lingüísticos (se reproducía el habla de la nobleza y la del pueblo llano; la del jurista y la del astrónomo, etcétera); de idiomas y de la superposición entre estos; y de ideologías, entre muchas combinaciones más, puesto que el límite es el límite mismo de la palabra hablada y escrita. Afirma entonces el autor: «Narrativa donde todo posee un significado alterno. Construcción verbal no-literaria, no realista, que concierta la confrontación dialógica entre lenguajes diversos» (p. 37). De acuerdo con él, esta es la estructura paradigmática de la novelística. No sólo es el espacio de una historia que contar, que sería su primer nivel de sentido, sino también de los símbolos de una época, de la incorporación de elementos históricos, de atisbos prospectivos y de ideas en tensión cuando no en franco conflicto.

domingo, 20 de mayo de 2012

The Death of Carlos Fuentes

In front of Mexico City’s Fine Arts Palace, two black and giant Botero’s fat ladies sculptures flanks the funerary Cadillac limo that would leave his body to the final ashes in a couple of hours —now it’s around four pm—. Mexico City’s may sun is high and burning. The long line of mourners waiting to enter the Palace in order to make a citizen honor guard around the coffin is sweating. Street vendors offer umbrellas, pencil portraits and pirate copies of his book, Aura —the one that everybody read in junior high—. Mostly, people are quiet. Suddenly, a soft wind refreshes the atmosphere, bowling rapidly against Torre Latino Americana, Mexico’s first mid-century skyscraper, counter corner of the Palace. Finally, all who wait would accomplish the rite to pose with grief around his last bed, thinking in a country without its history’s major writer. Trying to figure out why this kind of minds occur once in a while, why the life is so miserly with brilliance.

Carlos Fuentes last ride: in front of Mexico City's Fine Arts Palace

Half an hour before, just taking the subway south of the city to downtown where the public funeral would hold, a fuentesian urban scene: a crippled woman walking with a walking stick,  a regular subway beggar, holding the hand of her little blind daughter, falls from the station mechanical stairs. The little girl cries hopelessly and some citizens help the lady that lies like a wounded she-bear and works hard to reincorporate the still, but apparently she hasn’t major injuries. But the compassion, the feel of a deep pain, comes from the little girl’s cry. She is the pure image of Mexican poverty and alienation. One of the millions of people without hope; inhabitants of the underworld of misery, the ring of abjection that surrounds a monstrous city like this, something that Carlos Fuentes knew for sure and described with literary striking force in several of his novels. Works like his opera prima, Where the air is clear (1958), The Death of Artemio Cruz (1962), The Hydra Head (1978), Christopher Unborn (1987), Constancia (1990), The Crystal frontier (1995) and Destiny and desire (2008), all of them with the textual symbolic and descriptive accuracy of Mexican slums, their lost people and their loss of expectations, a life full of despair.
That is the overwhelming heaviness of the world over an increasing number of people worldwide but especially in the Third World. Something that Fuentes pointed out along his public carrier, consequently with his consistent “modern leftism”, as has called his political point of view through the years UCLA’s Professor Maarten van Delden (you can see his clarifications about it in the next interview in English: http://youtu.be/9NsrbEF2kcM). In the last evolution of Carlos Fuentes progressive thought (that could be placed in the nineties), he affirmed an inclusive view of society, because globalization should be seen as an opportunity to integrate in a planetary scale the old enlightenment values of freedom, happiness and egalitarianism. This quest must be assumed for all the social system shareholders like plutocrats and the State and no just civil society alone. Universal education, democracy, governmental efficiency, pervasive academic and civil critic was some of the principles that Fuentes kept as the keys to make the world a better place to live in given the actual circumstances. His essayistic and journalistic work is full of that, altogether with his famous and brilliant trajectory as a scholar and public lecturer. He always was an old school social liberal.

The author in his eighties

Now his voice is sounding no more. Despite his written words would live for a long time, we will miss his powerful critic description of things in real time. He was the perfect incarnation of Latin (including France and Spain) intellectual, the one worried for public and politic matters and the possibility to express his point of view to wide audiences. Practically until his very last day he was an active participant in the political arena expressing, for example, his distaste for the pretended return to power of the old authoritarian Mexican party, PRI (by its Spanish acronym), and its ignorant and corrupt candidate, Enrique Peña Nieto (you can see Fuentes’ opinions on the matter in the next interview in Spanish: http://youtu.be/ppuA1hYJgVQ).
But that’s the law of life. We were born to die. Destiny reserved for him the fortune to have a long life and a short agony —and deep grief, for sure, like the death of two of his sons in a young age of them—. We will continue reading his marvelous work and we are going to miss for a long time his opinions, the way he opened the world with his privileged intelligence. So long Master, we will try to be up to the level of your invaluable inheritance.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Nota sobre La silla del águila

El asunto de la imposibilidad civilizatoria nacional (eco de la imposibilidad civilizatoria moderna occidental) es retomado con acidez quince años después de Cristóbal Nonato (1987) en La silla del águila (2002). Escrita de manera convencional, al estilo de las novelas epistolares del siglo XIX, accedemos en ella a un estado de cosas donde el subsistema político se ha mimetizado con el sistema social mismo. Todo aquello que conforma la vasta realidad de la nación, es subsumido al trajín de la mecánica perversa del poder político. Ésta integra a la patria a su imagen y semejanza y llega a un punto de saturación en el que su existencia es la existencia misma del país. Un país «cíclicamente devastado por una confabulación de excesos y de carencias: miserias y corrupción, igualmente arraigadas…».[1]

Carlos Fuentes

En La silla del águila, el talante cyberpunkiano es latente en el futurismo catastrófico que envuelve la realidad nacional. Funciona como el atisbo de un futuro desesperanzador a la vista en el horizonte de tormentas de la realidad socio-política mexicana. La nación entera ha sido retrotraída al siglo XIX por una de tantas balandronadas populistas y egocéntricas de los “reyes de México”, los presidentes y su inagotable cantera de dislates:


El Presidente decidió, quizá como regalo de Año Nuevo 2020 a una población ansiosa, más que de buenas noticias, de satisfacciones morales, que pediría en su Mensaje al Congreso el abandono de Colombia por las fuerzas de ocupación norteamericanas y, de pilón, prohibir la exportación de petróleo mexicano a los Estados Unidos, a menos que Washington nos pague el precio demandado por la OPEP. Para colmo, anunciamos estas decisiones en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. La respuesta, ya lo viste, no se hizo esperar. Amanecimos el 2 de enero con nuestro petróleo, nuestro gas, nuestros principios, pero incomunicados del mundo. Los Estados Unidos, alegando una falla del satélite de comunicaciones que amablemente nos conceden, nos han dejado sin fax, sin e-mail, sin red y hasta sin teléfonos. Estamos reducidos al mensaje oral o al género epistolar…[2]

La elección del carteo como fundamento estructural de la novela, resalta el carácter retroactivo de la circunstancia nacional para el inicio del año 2020. La vuelta a las usanzas de épocas pretéritas en un mundo futuro interconstruido por el sistema tecnocientífico de impronta estadounidense, pone de relieve la fragilidad del pretendido progreso mexicano, puesto que sus cimientos son endebles, ajenos y provisionales. La implosión tecnológico-comunicacional nacional opera en la trama como una muestra y un vistazo dentro de la realidad viciada del país, ya que sólo dura unos cuantos meses, siendo al final restituida la normalidad tecnológica al momento en que un nuevo gobierno cede a los requerimientos de Washington.
La ojeada al futuro desolador determinado por el quebranto comunicativo a gran escala, saca a flote la degenerada construcción del sentido social en su totalidad por parte del poder político. En un país exiliado del mundo al haber sido bajado el switch intercomunicacional de conexiones globales, lo que se preserva con inusitada virulencia son los modos, las intenciones y las acciones deleznables de la política á la mexicana.
El intenso carteo entre los más destacados operadores políticos del país, nos sumerge en las cavernas de la hechura de ese universo de cinismo, ambición desmedida y total desprecio por la civilidad, la dignidad humana y los valores abstractos, racionales e iluministas, de la sana convivencia en sociedad, por parte de una pandilla de rufianes exquisitos que desde siempre se han hecho del mando de los designios de México. Tono apocalíptico sin reservas: cuando el mundo ha sido despojado de sus adelantos tecnológicos, lo que emerge es la vuelta al tribalismo, a la lógica de la horda y de la selva, a la sobrevivencia del más fuerte, del más salvaje, del que se siente en casa con el regreso de la barbarie.*
*Este fragmento pertenece a mi ensayo "El arco literario crepuscular de Carlos Fuentes". Lo pueden ver aquí mismo en la barra de la derecha o en su edición original en Replicante: http://revistareplicante.com/literatura/ensayo/la-sobrevivencia-literaria/



[1] Cfr., Fuentes, Carlos, La silla del águila, México, Alfaguara, 2002, p. 360.
[2] Ídem, p. 26, capítulo 2, (carta de) “Xavier Zaragoza “Séneca” a María del Romero Galván”.


jueves, 20 de octubre de 2011

Fuentes, el imprescindible


Con carlos Fuentes estamos en tiempo real. Avanzamos en marcha forzada al ritmo de su imparable capacidad creativa, al tiempo que, a querer o no, estamos a la expectativa de su ineludible desenlace físico. Nada que debiera escandalizar: a los 82 años, casi 83, es natural que el cierre del periplo vital se acorte en el horizonte. Pero él sigue y sigue impasible en la hechura de un universo narrativo que, sencillamente, no tiene igual en la historia de la literatura mexicana. Escatimar esa importancia es cometer una miseria intelectual. 
Sin embargo, pese a que no ha habido año en el que el escritor por antonomasia no haya ofrecido algún texto al público (desde largas novelas a ensayos periodísticos), mucha de la crítica seria, mesurada, propositiva, en torno a él se ha estancado en otros tiempos, en otros temas, en otros cartabones para comprenderlo. Sin pretender hacer descubrimientos deslumbrantes ni punzantes observaciones, ofrezco aquí el fragmento de un ensayo de reciente publicación en el que exploro uno de los flancos poco explorados de su escritura: el apocalipticismo de las últimas tres décadas.
(El ensayo completo puede leerse en el hiper vínculo de ISSU aquí mismo en la barra lateral, o bien en su versión original en Replicante digital del mes de julio en: http://revistareplicante.com/literatura/ensayo/la-sobrevivencia-literaria/). Espero que les guste:

Carlos Fuentes en la actualidad

Contrario a lo que sus reiterativos críticos han querido hacer creer, la literatura de Carlos Fuentes sobrevivirá a su muerte, puesto que ha mantenido la difícil tensión entre la progresión temática, la espesura ideológica, la identidad autoral y la variación estilística.[1] En contradicción con cierta crítica literaria, añorante de sus obras de juventud, que lo cataloga como un espectro literario[2], el porvenir de la escritura de Fuentes se ha consolidado en la última etapa de su carrera, cuyo inicio podemos ubicar a finales de los años ochenta del siglo pasado. De manera cierta, en la actualidad su papel como intelectual activo[3] se ha reducido prácticamente a las cenizas de lo que fue, pero no así la vitalidad de sus creaciones textuales, tanto ficticias como de opinión.
La clave para la sobrevivencia literaria de Carlos Fuentes ha sido que, contrario a lo que sus jubilosos exegetas han afirmado durante décadas, la ruta de su literatura ha sido un esfuerzo constante por alejarse de su ópera prima, La región más transparente.[4] Deslumbrante como fue, en el entorno socio-cultural de un México que ya no existe, la novela de juventud de Fuentes ha quedado vinculada a su tiempo de manera inconmovible. No es casual, entonces, que muchos de sus críticos y apologetas, por igual, se hayan quedado estancados para siempre en las obras de mediados del siglo XX. Entre ellas y la actualidad media el quiebre de los setenta y el futurismo oscuro de los últimos veinte años. Pensar que uno de los escritores mexicanos más importantes de todos los tiempos sea ajeno a la transformación discursiva es, sencillamente, un dislate mayúsculo...



[1] Entre los principales detractores tenemos a José Joaquín Blanco con “Carlos Fuentes: de la pasión por los mitos al polyforum de las mitologías” en La paja en el ojo, Puebla, BUAP, 1980; Adolfo Castañón con “Carlos Fuentes: constancias” en Arbitrario de literatura mexicana, México, Vuelta, 1993; Christopher Domínguez Michael en su Antología de la literatura mexicana del siglo XX, México, FCE, 1996, volumen II; Armando González Torres con su ensayo “Carlos Fuentes: elogio de la desmesura” en Letras Libres 119, noviembre del 2008, pp. 72-76; y, por supuesto, Enrique Krauze con “La comedia mexicana de Carlos Fuentes”, contenido en su colección de escritos Textos heréticos, México, Grijalbo, 1992.
[2] Así, por ejemplo, Fabienne Bradu en la reseña de Valiente mundo nuevo, en Vuelta 173, abril de 1991, pp. 41-42; Rafael Lemus en el comentario sobre Todas las familias felices, en Letras Libres 95, noviembre del 2006, pp. 68-70, Heriberto Yépez en “Carta a un viejo novelista” en Replicante nº 17, invierno del 2008-2009, pp. 102-108; y Fernando García Ramírez en la reseña de Adán en Edén, en Letras Libres 137, mayo del 2010, pp. 86-87.
[3] Un certero análisis sobre el rol social de Fuentes como intelectual lo encontramos en el texto “Fuentes: el intelectual y la frontera de cristal”, del investigador alemán Friedhelm Schmidt-Welle, ponencia presentada en el congreso “La región más transparente 50 años después”, el 12 de noviembre del 2008 en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, donde afirmó: «Carlos Fuentes es sin duda uno de los intelectuales más completos de América Latina… un intelectual que lleva a cuestas el peso de un inmenso capital cultural, como diría Pierre Bourdieu, capital cultural adquirido tanto por su herencia como por su formación. Un escritor de la llamada littérature engagée y un intelectual de corte universalista, pero regionalista a la vez por su afán permanente de definir o más bien construir la identidad nacional y cultural mexicanas».
[4] Entre los más destacados de sus estudiosos propositivos tenemos a Georgina García-Gutiérrez con su obra Los disfraces: la obra mestiza de Carlos Fuentes, México, El Colegio de México, 2000, lo mismo que el ensayo introductorio a su edición de La región más transparente, Madrid, Cátedra, 1999, pp. 9-83; así como buena parte de los ensayos contenidos en los libros colectivos Carlos Fuentes desde la crítica, compilado por Georgina García-Gutiérrez, México, Taurus-UNAM, 2000, y Carlos Fuentes: perspectivas críticas, compilado por Pol Popovic Karic, México, Siglo XXI Editores-Tec de Monterrey, 2003.

martes, 12 de julio de 2011

Fuentes, siempre Fuentes





Con Carlos Fuentes, la medida del ataque es proporcional a la medida de la figura. Como pocos intelectuales mexicanos, Fuentes ha sido criticado, denostado, descalificado, vilipendiado por una serie de actores de diversa ralea. Desde funcionarios públicos hasta críticos literarios, pasando por otros escritores e intelectuales y un par de Premios Nobel. Pocos de ellos han hecho análisis puntuales de su obra y más se han dedicado a concentrarse en su figura pública y aún en su persona (y, como es bien sabido, quizá el más farragoso argumento ad hominen del mundo intelectual nacional contemporáneo sea el artículo "La comedia mexicana de Carlos Fuentes" de Enrique Krauze).
Pero muchos de esos detractores sólo se dedican a hacer una lectura sesgada de lo que produce, a realizar juicios de valor de corte moral y no verdaderos análisis literarios atenidos a la letra. Porque lo que le ha garantizado la posteridad al escritor es su obra. Plena, rica, abigarrada, transgenérica. Lleno de matices y experimentaciones, al tiempo que plagado de recurrencias temáticas y estilísticas, el universo literario de Carlos Fuentes ha excedido el ser y la tradición literaria de la nación que lo vio nacer como escritor; hace ya mucho tiempo que su literatura tiene la marca de la universalidad.
Se le ha llamado "santón", escritor orgánico y figura de cera del panteón intelectual nacional. Nada más alejado de la realidad. Categórico afirmo que quien eso dice o no lo ha leído o lo ha leído mal, y retaría a cualquiera a que demostrara que no hay una progresión estilística, temática y formal entre, digamos, La muerte de Artemio Cruz (1962), Terra Nostra (1975), Cristóbal Nonato (1987) y Adán en Edén (2009). Es fácil decir algo de una personalidad expuesta constantemente a los reflectores; a eso se dedican los paparazzi y las revistas de baja estofa dedicadas a inmiscuirse en las sábanas de los famosillos del cine y la TV. A eso se rebajan algunos de los supuestos críticos de Carlos Fuentes: a la chismología profesional. Mucho más difícil es leer las cientos de páginas de obras cardinales suyas como La voluntad y la fortuna (2008) y las ya mencionadas Terra Nostra y Cristóbal Nonato. Pero qué más podría esperarse de una sociedad en la que la revista que más vende (con la friolera de un millón de ejemplares semanales) es TV Notas.
La recepción justa de Carlos Fuentes se ha dado principalmente en la academia. Hay en México excelentes estudiosos de su obra, encabezados por la doctora Georgina García-Gutiérrez del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. Pero la mayoría de ellos se halla en el extranjero, especialmente en los Estados Unidos, centro vital en materia de estudios literarios y humanísticos a nivel mundial. Allá lo ven como deberíamos verlo nosotros: como un escritor cosmopolita que ha pasado ya al universo selecto de lo mejor de las letras mundiales. En un país como el nuestro en el que los triunfos dudosos y las victorias efímeras (básicamente en lo deportivo), escasas como lo que más, son elevadas al signo de la gloria por políticos y comunicadores de dudosa valía, si de algo deberíamos estar orgullosos es de un escritor como Carlos Fuentes. Símbolo de ejemplaridad creativa, es asimismo la encarnación de un México posible, pero aún inmaterializado: atrevido, propositivo, internacional, y enjundiosamente iluminista.
Hoy ofrezco a ustedes mi ensayo sobre uno de los arcos literarios más atractivos del último Carlos Fuentes: el signo proto cyberpunk de su literatura. Lo pueden ver en la siguiente liga de Replicante digital:
http://revistareplicante.com/literatura/ensayo/la-sobrevivencia-literaria/