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Revista Replicante

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miércoles, 16 de abril de 2014

El rosado capitalismo salvaje


Dice contundente Roberto Saviano en CeroCeroCero que la siguiente etapa en el desarrollo del capitalismo —cuyos pilares se han erigido ya en nuestra época— es la generación del valor allende la constitucionalidad de los Estados nacionales. El capitalismo ensimismado, ajeno a la teatralidad ética de los valores políticos ilustrados, mal que bien todavía vigentes en la actualidad. El ejemplo puntero de esto es la economía del narcotráfico, que lleva al extremo los principios de la generación del valor, pero sin diques institucionales; la pura lógica sumaria de la ganancia extrema a cualquier precio.
Pero si bien no hay duda alguna de que esto es así en la circunstancia mafiosa, quizá pudiera haberla en lo relativo a la existencia de esquemas similares dentro del capitalismo legalmente establecido. Sin duda, a lo largo de los siglos de existencia occidental y global que tiene dicho modo de producción, ha habido innumerables fraudes, abusos y excesos por parte de los particulares al momento de explotar a propios y extraños para producir ganancias. Sin embargo, pocos ejemplos tan paradigmáticos y recalcitrantes como el de la empresa estadounidense de productos de belleza, Mary Kay. La persistencia en el tiempo del esquema piramidal que la sustenta es un signo inequívoco de que el narcotráfico, y el principio de la mafia en general, no tanto han innovado en la creación extrema de plusvalía, sino solamente han empujado un poco más esquemas rapaces vigentes, legitimados sistémicamente.


El desempleo crónico femenino, grave mal del actual sistema.


En su quintaesencial reportaje, “The Pink Pyramid Scheme” (Harper’s Bazaar, agosto del 2012), Virginia Sole-Smith realiza un penetrante análisis de la sociología del negocio Mary Kay, entre un público femenino cautivo. Básicamente, hay dos factores sustanciales en la vitalidad de la empresa: la necesidad económica de la clase media empobrecida y la ideología del éxito instantáneo con base en la voluntad individual. Lo primero remite a un inagotable ejército laboral de reserva y lo segundo a la persuasión atenazante que lleva incluso a negar los datos objetivos de la realidad circundante. En este sentido, a diferencia del narcotráfico, el esquema de Mary Kay juega con solvencia con dos pilares del capitalismo legitimado: el uso indiscriminado del trabajo como mercancía y el aliciente fantasmal de un vida digna y feliz con base en el puro esfuerzo laboral individual. Obtiene ganancias ingentes, sin disparar un solo tiro, con una estructura de negocios tramposa y que debería ser ilegal, a la par del tráfico de estupefacientes, si tal es el caso. El esquema de MK no es condenado socialmente y, por lo contrario, es valorado como una buena opción para hacerse de recursos en un entorno económico volátil e incluso caótico. Pero el quebranto personal, financiero y psicológico que finalmente padecen quienes son enganchadas en sus redes, sólo difiere en grado pero no en esencia con el de los socios a ras de suelo del narcotráfico, su carne de cañón cotidiana.
En suma, Mary Kay es la encarnación del capitalismo criminal legitimado por el propio sistema.


Los productos de Mary Kay, cortina de humo de un esquema piramidal de dimensiones globales.


Por supuesto, algo similar puede decirse de los bonos buitres, las burbujas recurrentes en los mercados de valores, las maquiladoras alrededor del mundo y demás. Algo que es cierto sin rodeos. Pero el caso de la empresa transnacional de cosméticos es paradigmático porque el engaño es directo y sin cortapisas: se vende y se promueve el alcance de la meta del éxito clasemediero capitalista escondiendo un esquema de negocios tramposo y viciado de inicio.
En efecto, Mary Kay es un esquema piramidal o esquema Ponzi; algo en principio penado en la dinámica de negocios actual a lo largo y ancho del mundo. Por descontado, la empresa lo ha negado reiteradamente con el tecnicismo baladí de que nadie de sus asociadas está obligada a comprar producto que no vaya a vender, que es casi como si un patrón de las textileras inglesas del siglo XIX (que con justeza horrorizaron a Marx) hubiera dicho que por supuesto sus obreros tenían jornadas laborales con descanso, ya que ahí estaban las horas de sueño.
Ciertamente, de acuerdo con la referida investigación de Harper’s Bazaar, no existe alguna cláusula contractual que obligue a la compra y acumulación de stock, pero sí que hay un sistema perfectamente estudiado e inculcado para que las que ya están dentro (las reclutadoras) presionen a las nuevas socias a hacerlo. Refiere Sole-Smith que cuando era una recién ingresada al esquema de Mary Kay (como periodista infiltrada y encubierta), dentro de los varios consejos de su reclutadora, estuvo uno central:


The first step on my Mary Kay to-do list was making my initial inventory investment. Of course, Antonella [su reclutadora e iniciadora en el negocio] was quick to work in the standard caveat, necessary because it's the technicality that separates Mary Kay from a pyramid scheme: “Buying inventory is always optional with Mary Kay, and if anyone has told you otherwise, they were lying to you. You do not have to buy products in order to be a Mary Kay consultant”.
There was a slight pause. “But there are some advantages”...
When I delicately conveyed that I didn't have $1,800 on hand, Antonella was unconcerned. “I actually don't suggest that my consultants use personal funding to buy their inventory, even if they have the money”, she said, “I find that unless someone holds you accountable, consultants forget pay themselves”. Instead, I could apply for a Chase Mary Kay Rewards Visa card... This eighteen hundred dollars would also be almost half of Antonella’s December wholesale goal.

Este último dato es crucial. Además del bien programado sistema de convencimiento para la adquisición de stock no solicitado por compradores reales, que convierte de facto al negocio en un esquema piramidal, puesto que su sustentabilidad se basa en el gasto de sus propios miembros, la ganancia de los de arriba está fundamentada en el usufructo de los de abajo. La regla general es que los nuevos adeptos son sutilmente presionados para comprar más de lo que realmente pueden vender y esto es lo que hace que sus superiores inmediatos cumplan con las metas de ventas establecidas por la empresa, y así sucesivamente, hasta llegar a la punta de la pirámide que es donde se concentra el valor en serio.
De manera cierta, hay casos más o menos recurrentes de mujeres que por habilidad personal y facilidad de trato y persuasión, ascienden desde el nivel de la tropa de novatas al equivalente de los rangos gerenciales en las empresas convencionales; en Mary Kay las llaman “Directoras ejecutivas”; uno de sus galardones mayores es recibir un auto rosa del año y aspirar algún día ser invitadas a la mansión de Mary Kay en Dallas, Texas.




El Cadillac rosa y la visita a la mansión: señuelos de éxito para la gran estafa.



Necesariamente, tal ascenso es el tope del espejismo, debido que se alcanza el nivel de saturación de ganancias posibles en una pirámide lucrativa. A partir de ese punto de supuesto éxito, todo es cuesta abajo, ya que las posibilidades de seguir ascendiendo disminuyen al cubo. Esto lo aprendió por la vía más dura una de las entrevistadas por la periodista de Harper’s, Lynne [le pidió llamarla sólo así], quien tras haber llegado al referido cargo, se fue en picada: terminó en bancarrota con ingentes cantidades de producto caducado que terminó en la basura, su matrimonio deshecho y la autoestima pulverizada. Una vez que llegó al grado de Sales Director, “The next month, Lynne's unit fell short of the 4,000 requirement. Her Mary Kay mentors weren't fazed. Just make up the difference out of your own pocket, they told her. You'll do better next month. So Lynne made up the difference herself that month. And then every other month for a year, just barely holding on to her director status”. Sólo hasta ese momento, tras meses de un endeudamiento inducido, desenfrenado y, al cabo, carente de toda lógica financiera (excepto, claro, la del propio esquema piramidal), Lynne tocó fondo y finalmente "tiró la toalla".
En la historia que cuenta Saviano, la del “petróleo blanco”, como llaman en África a la cocaína, refiere una bizarra conferencia de iniciación en la mafia, dictada en privado y en secreto por un capo italiano de Nueva York.  En dicha plática, el líder mafioso expresa la visión del mundo que cuenta para ser parte de la camorra:


El mundo de los que creen que pueden vivir con la justicia, con las leyes iguales para todos, con un buen trabajo, la dignidad, las calles limpias, las mujeres iguales a los hombres, es sólo un mundo de maricas que creen que pueden engañarse a sí mismos. Y también a quienes les rodean. Las chorradas sobre un mundo mejor dejémoselas a los idiotas… Quien manda, manda. Y Punto.

Realismo cínico en su máxima expresión. Motor irredento del principio de la mafia y su desaforada generación de plusvalía urbi et orbi. Principio afín al de Mary Kay y el resto de compañías como esa que pululan en el mundo entero. La diferencia es que el nuevo recluta de la mafia neoyorquina (angoleña, rusa, mexicana, española, irlandesa, etcétera), lo tiene claro desde el inicio; las nuevas reclutas de la cosmetiquera transnacional, en cambio, tienen que pasar largas penurias hasta saber que eso es lo que está detrás, en la base y en el núcleo del discurso enganchador de “enriquecer la vida de las mujeres” con los pilares de “Dios, la familia y el trabajo… en ese orden”.

Referencias:
Una explicación sucinta y clara de los esquemas Ponzi puede verse en la siguiente liga del Banco de México:

Puede descargarse el reportaje de Virginia Sole-Smith desde el siguiente link:

Vale la pena darse una vuelta por los testimonios de Pink Truth en su página oficial:



 

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